El perdón

Pastor Ernesto Pinto

Controlados por el poder del Espíritu Santo. «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu». Efesios 5:18

Dios te llena del Espíritu Santo para crecer. Se nos enseña la Palabra de Dios pero llegará el momento que tendremos que ponerla en practica.

En una reunión de oración, Dios me habla al corazón indicándome que tengo que ir a buscar a mi padre, y perdonarlo. Ahora cuando somos lleno del Espíritu Santo entendemos que esa obediencia es practica de vida.

Conocimiento (inteligencia espiritual) y obediencia siempre van juntos. Debemos tomar acciones prácticas para que la gloria del Señor se valla manifestando poco a poco.

«Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad». 2 Pedro 3:18

Creced en la gracia, aquella que transforma el carácter del creyente. La gracia nos lleva en humillación y nos permite decirle a la persona que nos ofendió: estoy dispuesto a perdonarte.

«Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos». Santiago 1:22

¿Cuántas veces debo perdonar?

«Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete». Mateo 18:21-22

El perdón tiene que ser un estilo de vida”.

Esto sucede cuando estamos embriagados del amor de Dios.

El perdón trae sanidad al corazón. Usted puedes estar escuchando del perdón pero si no lo practica seguirá con los mismos traumas.

El Padre nuestro, una oración poderosa.

«Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas». Mateo 6:9-15

La historia del hijo prodigo.

«También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba». Lucas 15:11-16

«Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse». Lucas 15:17-24

La ultima oración de Jesús.

Jesucristo en la cruz del calvario. «Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes». Lucas 23:34

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Juan 3:16

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