Sillas vacías

Apóstol Sydney Stair

«Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos». Lucas 4:14-15

«Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él». Lucas 4:16-20

«y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle». Lucas 4:29

¿Por qué matar a una persona que acaba de leer las Escrituras?

En la sinagoga había una silla vacía la cual ninguna persona debía sentarse allí, solamente el Mesías debía ocuparla. Jesús se sentó en la silla. «Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros». Lucas 4:17

«Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue». Lucas 4:30 Cuando echaron a Jesús del templo, la silla quedó vacía otra vez hasta el día de hoy.

Cada silla en esta casa tiene el nombre de una persona.

La Biblia menciona muchos casos de sillas vacías.

1. La silla de José (el soñador) en la cena familiar. Jacob le hizo una túnica moderna de múltiples colores, ninguno de sus hermanos la tenia. Sus hermanos le tenían envidia, lo vendieron como esclavo a los madianitas, y le dijeron a su padre Jacob, que los animales salvajes del campo lo habían devorado. La próxima cena familiar la silla de José estaba vacía, esto causó mucho dolor en el corazón del padre.

2. La silla de Samuel, hijo de Ana y Elcana. Cuando Ana no podía tener hijos Penina (la otra esposa de Elcana) le mortificaba la vida, Ana clamaba a Dios que le diera un hijo. Hay una forma buena y mala de pedir, ora a Dios conforme a su Palabra. «E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza». 1 Samuel 1:11

Cuando nació Samuel, Ana lo dedico en el templo. Cada vez que Ana se sentaba a la mesa se acordaba de su hijo cuando veía la silla vacía.

3. Mi silla vacía en casa de mi mamá, Apóstol Sydney Stair. Desde muy joven comencé a servir, en Octubre del 2025 cumpliré 53 años de ministerio. Mi cuarto estaba como lo había dejando, había una silla vacía en la casa de mi madre.

Las sillas vacías producen dolor”.

Las sillas vacías traen recuerdos de alegrías pero también producen lagrimas.

4. La silla del hijo prodigo. El hijo insistía que le dieran su herencia, y se fue.

«También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba». Lucas 15:11-16

« Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse». Lucas 15:17-24

Hoy Jesús está sentado a la diestra del Padre porque se ganó el derecho.

Cada uno de nosotros tenemos una silla de autoridad en la presencia del Padre. Sentado en la mesa del Padre descubrimos nuestra identidad.

Cada persona que no le ha entregado su vida a Jesucristo, tiene una silla vacía en sus corazón.

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